Maternidad no; crianza. Íntimo no; social

Asamblear las crianzas, eso llevo tiempo queriendo hacer, sin saber que era una aberración. Lo escribí anónimo en un artículo “SOStener la vida. Asamblear las crianzas” que mandé a la Pikara Magacine. También lo intenté en un curso de Nociones Comunes. Y no salió. No pudimos, así simplemente, generar un relato colectivo, las personas que allí estábamos, sobre cómo acompañamos a nuestrxs pequeñxs a crecer.

Debatir entre cuidadores principales (padres, tutores…) cómo criamos a “nuestrxs” hijxs con los y las demás es muy raro. Incluso es raro consensuar bien con diferentes agentes el cuidado de nuestras criaturas, sean estos abuelos, trabajadoras domésticas o primas lejanas. Porque si pagamos cuidado, no pactamos sus formas; quien paga manda. Y si es un sobrino quien nos ayuda, también hace lo que padre y madre marcan. De hecho, yo he descubierto una mirada esquiva ante las reacciones apocadas y casi furtivas de los y las demás sobre cómo afrontan padres y madres, la crianza de sus hijos e hijas. Definitivamente no atendemos hasta qué punto criamos a nuestrxs descendencias en sociedad.

Maternar, es privado, familiar, íntimo porque así lo ejecutamos.  ¿Qué opera para que eso sea así?.  Pues una creencia que, como dice Judith Rich Harris es una cosa difícil de cuestionar porque no requiere ser probada. Y esa creencia dice que los padres y las madres son las responsables de su descendencia. Si algo sale mal será su culpa.  Y claro pienso, como para andar asambleando la culpa estamos.

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