Hacer escribir

Desde que inicié el pasado año el taller #escrituras_para_autor_izar_nos  he defendido mi propósito de sostenerme, darme un oficio, haciendo escribir a quien lo desea y necesita. Suena raro, eso de recibir bienes (intercambiados en trueque o en dinero) y encima “hacer escribir”. Con todo estoy empeñada en “real_izar” escrituras de personas que gustarían de escribir y no escriben, porque no se han atrevido, porque no se han sentido autor_izadas, porque se han creído que no merecía la pena, o que no merecían ellas disfrutar de ese bien.

Insisto porque somos nuestra lengua. Y del mismo modo que no dejaríamos de comer, ni de pasear, no debemos renunciar a hablar, leer y escribir. He escrito muchísimo para dinamitar todo aquello que cuestionó la potencia de mi lengua para vivir mejor. Finalmente he acabado haciéndome una vida alrededor de la producción cultural y los libros. La relación entre nuestro obrar y nuestra vida, me obsesiona. Necesito, cuanto puedo, hacer aquello que creo hacer mejor. No me asusta equivocarme, no me fío de la culpa, solo disfruto cuanto puedo de mi derecho a ser responsable con mi propia vida.

Es por eso que me abro a acompañar procesos de autor_ización, real_ización de escrituras. Acompañar de una en una, me interesa especialmente, suscribiendo “contratos” con quienes quieran escribir, lo que sea, durante un tiempo. A su ritmo, desde su más preciso y precioso talento y valor, con todas sus vidas por delante, detrás, y a los lados.

El resultado de todo esto, será además de la obra producida, también un “cuaderno de campo” que dará cuenta de nuestra relación. Ofrezco leer detenidamente y conversar cuanto sea necesario -por escrito (conversaciones en messenger, whastapp, o telegram) o hablado (por skype y grabado)- alrededor del proceso de producción que quien va a escribir, me irá compartiendo. El principal objetivo de mi oficio será hacer_escribir, y que lo hagas hasta que la obra que produzcas esté preparada para independizarse de ti e ir hacia el mundo.

Guardar registro de lo que nos decimos, detenernos en nuestras palabras, retomar nuestra biografía literaria, autoetnografiarnos… será gran parte de lo que haremos. Hacer(te) escribir contra la impotencia, la expropiación de tu capacidad de producir tu lengua para comunicarte, imaginarte, para ser como eres poesía y mundo. Producir obra(s),  reapropiándonos de lo que podemos ser, y darlo.

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Emma Cohen: Asuntos interiores

 

 

Emma Cohen en sus últimos tiempos se había retirado del mundanal “ruido de sables” de la cultura española. Se fue a la Luna, un chalet que era un estudio gigante. Ahora Helena que es por quien sé lo que os cuento, vive allí. A Emma no la conocí, cuando Helena hizo Negrablanca, que a mí me pareció una proeza, Emma, que ahí supe que era su abuela postiza, le aconsejó que hiciera cine “de verdad” y se dejara de perder el tiempo con Cine sin Autor. Concluí rápido: otra más que renuncia a hacer desde la cultura algo más que quejarse y cobrar. Luego llegó la noticia de su enfermedad y su muerte y se me hizo tarde. A ratos, me arrepiento porque Emma supo hacer lo que para mí es más importante. Supo morirse. Escogió cómo y así lo hizo: murió sola, “soñando que volaba”.

Que estaba escribiendo una novela, Helena lo sabía, porque le iba contando Emma cuando pasaban días juntas en esa casa, de la que Emma no se movía, y en la que ahora Helena se ha quedado entre otras cosas archivando la obra constante, producida por Emma y su pareja de hogar, Fernando Fernán Gómez. En su ordenador Helena encuentra una novela, llamada Asuntos interiores y terminada en un guión de diálogo,  esperando a ser publicada. Emma había pensado en algunas editoriales, no en esta, para la que yo edito. Ninguna, sin embargo, quiso publicarla.

Entre tanto Helena, animada por mi interés renovado hacia Emma, me pasó otra novela. Justo la primera Toda la casa era una ventana. Lo cierto es que me desagradó. Estaba bien escrita pero el asunto de la belleza, de cómo hacían uso de esa belleza sus protagonistas me repelía. Problemático para mí ser mujer y poder ejercer la belleza. Ser preciosa sin ser objeto de deseo. No imaginaba otra posibilidad que la de despertar codicia y haber de responder con pasividad. ¿Cómo lograr ser generosamente preciosa? ¿Cómo producir belleza activa? A eso responde Emma Cohen en sus Asuntos interiores que, finalmente, editamos en la “Oveja Roja”. Vital, desafiante, impúdica -como esa Emma de las fotos- su protagonista Carmela Kilcoyne, es una mujer bellísima, entregada con todo su valor, a poner en juego toda cosa, por perturbadoramente bella que fuera.

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Quizá Emma no funcionó como narradora porque como respondió en una entrevista  “los mitos eróticos no escriben novelas”. En esa Españota suya, efectivamente así fue. No la leyeron apenas. Emma pudo hacerse Gallina Caponata además de musa del underground. Y “res més”, que diría en su catalán natal, Emmanuela.

Pienso ahora, que lo bueno de morirse y dejar obra escrita es que si esa Españota da para más, cabrá averiguarlo. Recién editados esos Asuntos Interiores, justo dos instancias de mujeres preciosas, la Tetera y la Unifeminista, han escogido leer juntas, “Asuntos interiores”. La novela que Emma dejó de escribir, al tiempo que dejó este mundo, con un guión de diálogo. Claramente, el final nos invita a seguir escribiendo. Yo, por ahora lo dejo. Esperaré a estas lecturas para decir más. Como el caracol “Misterio Republicano”, protagonista final de Asuntos Interiores, mi cultura española va lenta, pero brillará con un fulgor inaudito.