Novela colectiva, novela evidencia.

Hace tiempo que el Nobel me da igual, pero esta vez me ha alegrado, porque han dado el de literatura a una mujer que hace novela colectiva y usa del relato oral. Parece que hacía entrevistas a miles y luego escribía transcribiendo y ensamblando e imagino que reescribiendo.

Yo estoy ahora en medio de las voces de espartanos y espartanas del “Campamento de la dignidad de CCIP”. Ha sido mi primera encarnación de la sinautoría en la escritura. Pregunté: ¿y tú qué historia quieres contar? y comenzó lo que pronto será un libro. El hecho de una escritura hecha desde una producción asamblearia tiene otras potencias. No somos una mujer, como esa escritora, somos un colectivo de redacción que se conforma en “el campamento de la dignidad” con unas cuantas personas estables desde ese primer día y otras que acuden a algunas sesiones.

Ser asamblea permite que quien ofrece su relato, también se hace cargo de los demás  y  piensa qué hacer con lo que esos testimonios le producen. De algun modo, a las que unió ser expulsadas de su trabajo -y en gran medida de su vida- se hacen cargo de su propia representación y eso es también una posibilidad de retomarse.

En un foro que compartimos en lista teléfonica, pensaba yo que “tomar la palabra” puede permitirles dar, o no, victoria a su batalla. Su obra pasa a ser ellos y ellas mismas, y no sólo corre en función de la lucha contra esa inmensa multinacional en la que varixs han casi decidido dejarse la vida. Yo les decía, quizá con cierta simpleza, que no permitamos que el poder nos marqué los tiempos en los que ganamos… o perdemos. Dar sentido a la propia vida, expresarlo es también es vencer y cuando dejarlo tiene que ver con la propia responsabilidad.

A mí me emociona sobremanera pensar que este libro ha provocado la necesidad para varixs de decirle a un papel su verdad… Sus textos manuscritos me parecen joyas. ¡De nuestro puño y letra!
Aunque sí me inquieta saber cuánto debo yo intervenir. Cuánto será solo mi cuerpo el que tenga que hacerse cargo de todos los testimonios para ensamblarlos. Porque de mis años en CsA ya sé lo que cuesta que la gente le de valor a su propia producción. Valor suficiente para empeñarse en ponerla de verdad en el mundo para afectarlo. Porque yo lo único que pido de una obra es que produzca un efecto en quien no la realizó.

De hecho, quiero que hagamos un libro que la gente compre porque de verdad quieren leernos. Y quiero que nos lean quienes no pueden imaginar siquiera lo que a esta gente ha sucedido. Ya sé que en la sinautoría no hay pureza, es una tensión, siempre, es un ser autor/a para dejar de serlo cuando el colectivo no lo requiera. No es un todxs participan de igual manera, ni mucho menos. Trabas de pureza que ponen quienes temen arriesgarse a construir algo que parece imposible.

Ahora bien la reciente sentencia contraria de la audiencia nacional nos ha enmudecido. Tomar los medios de producción de las palabras cuando nos restan los de la vida, es para quienes viven de las palabras algo parecido a la revolución, pero para quienes viven de organizar refrescos en cajas,  un gesto inmaterial, aún inconcreto.

Por mi parte, yo sigo pensando que no quiero convencer a nadie, que quiero compartir evidencias, como estamos haciendo. Nuestra evidencia son las páginas que estamos escribiendo en común. De este modo, nos mantendremos en ese filo, que aún consiente que podamos hacerle la guerra a todo lo que no deja que la gente quiera seguir viviendo. Y no prefiera estar muerta.

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