Emma Cohen: Asuntos interiores

 

 

Emma Cohen en sus últimos tiempos se había retirado del mundanal “ruido de sables” de la cultura española. Se fue a la Luna, un chalet que era un estudio gigante. Ahora Helena que es por quien sé lo que os cuento, vive allí. A Emma no la conocí, cuando Helena hizo Negrablanca, que a mí me pareció una proeza, Emma, que ahí supe que era su abuela postiza, le aconsejó que hiciera cine “de verdad” y se dejara de perder el tiempo con Cine sin Autor. Concluí rápido: otra más que renuncia a hacer desde la cultura algo más que quejarse y cobrar. Luego llegó la noticia de su enfermedad y su muerte y se me hizo tarde. A ratos, me arrepiento porque Emma supo hacer lo que para mí es más importante. Supo morirse. Escogió cómo y así lo hizo: murió sola, “soñando que volaba”.

Que estaba escribiendo una novela, Helena lo sabía, porque le iba contando Emma cuando pasaban días juntas en esa casa, de la que Emma no se movía, y en la que ahora Helena se ha quedado entre otras cosas archivando la obra constante, producida por Emma y su pareja de hogar, Fernando Fernán Gómez. En su ordenador Helena encuentra una novela, llamada Asuntos interiores y terminada en un guión de diálogo,  esperando a ser publicada. Emma había pensado en algunas editoriales, no en esta, para la que yo edito. Ninguna, sin embargo, quiso publicarla.

Entre tanto Helena, animada por mi interés renovado hacia Emma, me pasó otra novela. Justo la primera Toda la casa era una ventana. Lo cierto es que me desagradó. Estaba bien escrita pero el asunto de la belleza, de cómo hacían uso de esa belleza sus protagonistas me repelía. Problemático para mí ser mujer y poder ejercer la belleza. Ser preciosa sin ser objeto de deseo. No imaginaba otra posibilidad que la de despertar codicia y haber de responder con pasividad. ¿Cómo lograr ser generosamente preciosa? ¿Cómo producir belleza activa? A eso responde Emma Cohen en sus Asuntos interiores que, finalmente, editamos en la “Oveja Roja”. Vital, desafiante, impúdica -como esa Emma de las fotos- su protagonista Carmela Kilcoyne, es una mujer bellísima, entregada con todo su valor, a poner en juego toda cosa, por perturbadoramente bella que fuera.

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Quizá Emma no funcionó como narradora porque como respondió en una entrevista  “los mitos eróticos no escriben novelas”. En esa Españota suya, efectivamente así fue. No la leyeron apenas. Emma pudo hacerse Gallina Caponata además de musa del underground. Y “res més”, que diría en su catalán natal, Emmanuela.

Pienso ahora, que lo bueno de morirse y dejar obra escrita es que si esa Españota da para más, cabrá averiguarlo. Recién editados esos Asuntos Interiores, justo dos instancias de mujeres preciosas, la Tetera y la Unifeminista, han escogido leer juntas, “Asuntos interiores”. La novela que Emma dejó de escribir, al tiempo que dejó este mundo, con un guión de diálogo. Claramente, el final nos invita a seguir escribiendo. Yo, por ahora lo dejo. Esperaré a estas lecturas para decir más. Como el caracol “Misterio Republicano”, protagonista final de Asuntos Interiores, mi cultura española va lenta, pero brillará con un fulgor inaudito.

 

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Mi mariposa blanca, la mía.

Abandoné mi libreta de mariposas, la que inicié para contarle cosas a Laia y a quien quiera leerlas. Demasiado “drama” me hizo creer que no era digna de regalar(me) palabras. Me afané en “formular proyectos” disparada, nuevamente, por la alarma dineraria. Las cuentas incalculables, el impertérrito alquiler, los impuestos directos y una invitación a un sitio relevante… me despistaron. Hasta tal punto me enajené que una tarde me puse a ver a Évole –no veo su programa, sé que no debo–. Escogí un tema que pareció interesarme, un señor comenzó a contar por debajo de cuántos grados centígrados un hogar se sume en la pobreza energética. De repente un depresor se instaló en mi alma.

He tardado varias semanas en volver. Me trajo una mariposa, nuevamente de Laia. Tiene costumbre esta pequeñita de leerme en mis libretas y me dejó cortada y pegada en mi minidiario esta nota-mariposa.

 

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Mami en las páginas 25 y 26 lo que as escrito es muy bonito y tienes razón en todo lo que has escrito en esas páginas. Laia.

 

Las páginas, 25 y 26 en las que mi hija apunta que tengo “razón en todo” referían a esta resolución personal, pensando en eso de si tengo derecho a escribir o no, y qué cosas. Me escribí a mi misma: “Las respuestas no van antes que la vida. ¿Qué significa funcionar? Atormentarse por estupideces como dónde y cómo vivir; por ahí no va mi vida. Amo y amaré a quien puedo querer. Y lo que tengo que hacer es más que evidente: seguir cuidando de mi vida y la de las demás personas. Cada día. Y eso lo logro hacer también escribiendo. No permitas –me escribía a mi misma- que nadie te oprima con sus denominaciones. No consientas que nadie te nombre (…) No hay en tu escasez, derrota alguna. No hay error. Hay dureza. Pero no va a pasarte nada que no puedas encarar sin convertirte en una mierda de persona. Ama sin permitir que te desprecien y todo irá bien”.

Así pues vuelvo a la libreta que me regaló mi hija. Falta hace que escribamos tozudamente a las que nos podrían nombrar pobres energéticas. Falta hace para recordar que pobreza viene de párvulo, parco, poco; y que –añado– más nos valdría que no escriban quienes de tanto temer la pobreza, se han convertido en mierdas de personas que no pueden amar.