Beso a la valentía

IMG_7301
Postal de Miriam Cameros, autora de “A cuestas conmigo”.

Mi pasado texto, “Esa conexión y Lazo”, apenas conectó. Poquísimas lecturas. Releyéndolo, me pregunto ¿era un texto cobarde? ¿Por ñoño? ¿Por poco expuesto?

Ya sé que hacerse cargo de lo potente, exige inmenso valor. Lo busco, pues.

A Flor, mi hermana le conmovió. Pero Flor sabe bien quién es Carmen. Carmen Abad, que también como Simone de Beauvoir, tiene apellido. Decir que es una espartana de Cocacola en lucha no es suficiente. Como todas y todos esas personas, son mucho más. A poco que la mires, en Carmen encuentras una mujer cuidada y cuidadora; atenta y elegante. A Carmen, hasta una votante del PP la escogería para que le representara (si la política pudiera ser nuestra, de cualquiera).

A Carmen no solo la dejé sin apellido, sustraje, en mi entrada anterior sus palabras. Su testimonio. Respondía ella -y ahí la conexión- a una propuesta que yo lancé a la asamblea del Campamento de la Dignidad a quienes Alfonso, Eddy y yo habíamos escogido para leer y escribir. Mi propuesta, algo rara, fue doble: (uno), tomar la palabra, para que no nos nombren todo el rato desde fuera y,  (dos) hacerlo, poniendo en el centro de nuestros encuentros, nuestro uso y disfrute de narrarnos.

Aquí copio tal cual, la transcripción de lo que Carmen respondió, de corrido, sin un respiro apenas a esa propuesta doble de “toma” de la palabra:

Yo me llamo Carmen Abad, llevaba 28 años trabajando en Casvega. Mi padre también ha sido trabajador de Casvega, osea que toda mi vida prácticamente ha estado vinculada a Coca Cola. Además en aquella época cuando yo era pequeña veníamos aquí a recoger los juguetes porque se vestían de reyes magos los compañeros y te daban unos juguetes, osea que emocionalmente estoy muy vinculada a la empresa. Mi vida en ese momento (del anuncio del cierre de la planta) era una vida muy estructurada, muy tranquila, muy planificada. Parecía que todo ya estuviera en su sitio, hasta que tuviera ochenta, ochenta y cinco noventa, todo lo tenía planeado y no me había pasado nunca por la imaginación que fueran a cerrar Fuenlabrada. Yo cuando oí que iban a cerrar Fuenlabrada no me lo podía creer. No voy a explicar el conflicto que ya ahondaremos en otros momentos. Pero bueno desde entonces se puede decir que mi vida sufrió un vuelco, casi un tsunami, se ha dado a vuelta por completo. De tener la vida estructurada, poder hacer planes, que todo estuviera controlado… de repente pues te falta el salario y te quedas, como nos quedamos los obreros sin salario, te quedas sin planes y casi, casi, sin futuro. Y entonces te das cuenta de que habías vivido en ese letargo que te organizan también; en el que la clase obrera no existe, en el que crees que eres lo que te dicen que eres, en el que no tienes voz y además, bueno, pues estabas ahí tan a gusto y casi ni te lo planteabas, ni lo necesitabas. Y a partir de ese momento, pues en cierto modo estoy contenta porque tomé una decisión libremente. Me sentí avasallada, pisoteada, todos mis derechos como persona y trabajadora, yo sentí que los estaban saltando, casi, casi me trataban como a una niña pequeña y no como a una persona adulta que decide sobre su futuro. Ellos me decían lo que iban a hacer conmigo, tú apúntate aquí y yo te digo si te mando a este sitio, si te echo, porque no das el perfil o no te echo. Tu apúntate que yo veré lo que hago contigo. Y bueno pues a mí eso fue una de las cosas que más me indigno desde el primer momento. Lo que hago con mi vida lo decido yo y no lo deciden ellos y por eso no me apunte al plan voluntario. Luego pues bueno, gracias a los compañeros, tuvimos una asamblea con Enrique Lillo y vi que todos esos sentimientos que yo tenía resulta que es que había leyes, que los legislaban y que estaba todo escrito, y es que sencillamente se estaban saltando todos nuestros derechos y además se sentían con el poder para hacerlo, ¿no? Entonces bueno pues no firmé, estoy contenta de haber tomado esa decisión. Sobre mi vida elijo yo. Además estoy cada vez más convencida, estoy completamente convencida de que tomé la decisión adecuada. He conocido como han dicho mis compañeros a una gente estupenda. Yo creo que el éxito de esta lucha sobre todo radica en que las personas que hemos quedado, por supuesto que nos importa el dinero porque todos veníamos aquí a por dinero cada mes, para tener una vida digna y normal y con algún capricho de vez en cuando, pero por encima de eso a pesar de que veníamos a por dinero, nos hemos quedado a los que además nos importan otras cosas, otros valores. Eso que ahora no se lleva nada. Y yo creo que como todos los 238 que estamos aquí tenemos otros valores, como es la dignidad, el honor, pues cosas que no se llevan nada. Pues por eso seguimos en la lucha, por eso estamos aquí todos tan unidos y por eso, esto va a ser un éxito. Y no voy a decir mucho más. Estoy contenta, en el fondo de que me haya despertado. Y lo que tú decías antes, ahora podemos hablar. Y resulta que casi yo no sé ni hablar, porque he estado tantos años callada, porque no me tocaba; que ahora casi me cuesta hasta hablar. Nada más.

Este testimonio, marcó un punto de inflexión en esa asamblea. En ese (lo que tú decías antes) cifro esa “conexión”. Carmen acogió mi propuesta de “contarnos” agrandándola hasta hacerla enorme. Nuestra conexión detonó otras, JC pudo hasta llorar; Raúl, más allá de si leía o no libros, y cuantos, se puso a editar y montar todos los testimonios. Así pasito a pasito, casi un centenar de personas escribimos ese libro único en que una “lucha obrera”, testimonio a testimonio, compone un libro, que firma una cuenta de twitter.

Es revolucionario.

  1. Es revolucionario que el lenguaje, que también somos, nos permita trascendernos. Pasar de ser un cliché, de ser un pozo sin fondo, un alienado (que da sin retorno) a conseguir “ser sujetos”.
  2. Lograr ser sujeto. Sujetarnos. Osea hacernos con nuestro talento. Ponerlo en juego. Discriminando, al servicio de quien lo pones, para qué. ¿Qué más derroche que no hacernos cargo de nuestro talento? Es más, me pregunto una y otra vez: ¿si usar nuestro talento no es nuestra tarea, entonces para qué vivimos?
  3. La vida podemos cuidarla o no cuidarla. Si queremos cuidarla: necesitamos ponernos a la tarea. Cada segundo. Cualquier tarea merece que, como decía Picasso, la inspiración, nos pille, trabajando. No muchas veces nos pasa que lo que tenemos para dar al mundo, podemos darlo. Necesitamos de la oportunidad precisa y del talento exacto para poder producir genialidad, para inventar lo nuevo. Yo lo he experimentado.
  4. Nada me pone más triste que entregarme a la alienación. Nada más alegre que atreverme a la potencia de  la vida “insólita”. Potencia que logra cualquier subalternidad que no acepta el sometimiento. ¡Necesitamos dejar de ser desecho para consentirnos regalo, abrazo, horizonte, suelo!
  5. Gran parte de nuestra impotencia deriva de que no sabemos para quién o cómo obrar. Saber con quién obrar es prioritario. Los testimonios de esa ronda que inauguró ese libro “Somos Cocacola en lucha” fueron para nosotras y nosotros, que nos considerábamos obreros y obreras. Puede parecer sectario o ridículo. Lo es presumir de identidad, de cualquiera: de rico o de obrero. Ahora bien solo asumiéndonos, podemos desbordarnos. Solo siendo la obrera más obrera del mundo descubres -y contigo el resto- que es imposible ser solo obrera, o solo viejo, o solo enferma terminal.
  6. Las obras que nos real_izan: desbordan la realidad. (No se trata de tener la verdad, se trata de serlo. Lo repito desde que lo leí por vez primera). Si nos real_izamos: lo real deja de ser “lo que hay” y va siendo, lo que vamos siendo.
  7. De repente, un buen soplido, atinado y preciso, derrumba el castillo de naipes. De repente un libro (de esos que tanta gente dice que ya nadie lee, o nada dicen y nada logran…); de repente, insisto, un libro sobre una lucha obrera es comprado en El Corte Inglés por el empresario que ha de leer lo que su plantilla excendentaria tiene para contarle. A mí, me hace féliz imaginar al empresariado teniendo que aprender de su plantilla.
  8. Y sí, esa “conexión” que tuve con Carmen, devuelve a la existencia su posibilidad de revertirlo todo. Lazo, nuestro perro de peluche, es otra demostración. Carmen, antes de mostrármelo, aún escondido en una bolsita, me advirtió: me pediste que me cuidara y te he hecho caso. Entonces me mostró un muñeco de peluche, que había fabricado de cero a cien. Tenía un lazo de cuadritos en el cuello que ha perdido. Laia tal cual lo vió, lo bautizo como Lazo. Y nos unió.

(Aquí lo dejo, espero en este texto haber sido más clara que en el anterior. En cualquier caso, seguiré insistiendo. Me gusta creer que mi libreta de mariposas congregarán palabras para enseñarme a besar por sorpresa a la valentía. A perder, al fin, miedo y pudor para contar las maravillas que atesoro. Me cerca, ese inmenso campo semántico que incita a esconder “el tesoro”, dada su condición de escasez, de usurpabilidad. No me amilano).IMG_7301

Anuncios

Un comentario en “Beso a la valentía

  1. Así es Eva. Tú final, mi principio. Cuando me invitaste a contarme la “cobardía beso por sorpresa a la valentía”
    A mí tus textos me refuerzan, renuevan, me purifican. Mágica tu libreta de mariposas.
    Abrazo fuerte.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s