Narrativa crítica para un capitalismo incompetente.

No escribo para tener razón; sino para poder conjugar en primera persona del plural y del presente, narrativa y revolución. Para ello voy a simplificar para hacerme comprensible. Sospecho que lo que sostengo, puede molestar a cierta izquierda que lee esta revista. Me arriesgo. No me considero mejor que nadie, ahora bien, estoy convencida de que para hacer la revolución, la novela “crítica” es un mal apaño. Interpelo a escritores/as de izquierda a un debate sobre estrategias revolucionarias para la narrativa, evaluando las ya usadas. Valorando nuestro oficio de novelistas y su utilidad social, como haría un ebanista o un cirujano. Verán que es raro eso. Conjugar trabajo(s) y riqueza social. Raro, también, en la literatura.

 

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5 comentarios en “Narrativa crítica para un capitalismo incompetente.

  1. De ‘El Libro Negro’ (1952), de Giovanni Papini:

    Desde hace ya algún tiempo soy uno de los mayores accionistas de la Novel’s Company Ltd., y como estoy transitoriamente en Chicago quise visitar el laboratorio de la sociedad. Entre todos los productos presentados en papel impreso y ofrecidos al público, la novela es el más solicitado y el que más se vende, de modo que surgió en el cerebro de un joven amigo la idea de levantar una verdadera industria cuyo objetivo seria ofrecer a los consumidores, y en grandes cantidades, un material novelístico tipo standard. «La fantasía al servicio de la evasión», tal seria la fórmula básica de la Novel’s Company Ltd. La novela, que ha llegado a ser para muchas personas un producto de consumo diario y de primera necesidad, no podía ser dejada a la anticuada producción individual casi artesana, no podía quedar librada a la iniciativa privada. El establecimiento donde se fabrican en serie las novelas, se levanta junto a las orillas del lago Erie, y se compone de varios cuerpos distribuidos en un jardín, pabellones en los que se han instalado las diversas reparticiones. La división del trabajo se aplica aquí rigurosamente, y es la clave de la producción industrial en masa.
    En uno de los pabellones trabajan los especialistas en paisajes agrestes y los de escenarios urbanos; en otro los que preparan las descripciones de interiores y de mobiliarios: desde la taberna negra hasta el castillo del multimillonario. En un tercer pabellón se afanan los creadores de tipos femeninos de toda clase y medida: aventureras de mediana categoría, vírgenes ricas y enamoradas, damas adúlteras, campesinas del Oeste, mulatas delincuentes y prostitutas fatales. En otro pabellón próximo se elaboran los tipos masculinos: los gángsters, los cowboys, los políticos, los bailarines profesionales, los conquistadores de salón y los aprovechadores de mujeres. Luego está el pabellón donde se inventan nuevas modalidades y formas de delitos e intrigantes alternativas tenebrosas; otro da cabida a los peritos en erotismo, en toda clase de inversiones y perversiones sexuales, los que son asesorados por médicos psicoanalistas y meretrices retiradas. No falta una biblioteca de novelas, de todos los tiempos y países, utilísima para las imitaciones y plagios; en ella un lingüista adscrito a la sección vocabularios sugiere a los obreros principiantes y menos expertos los términos de los diccionarios técnicos: el slang y el argot.
    En el centro del parque se alza el edificio de la dirección central, donde un grupo de ajustadores bien pagados, utilizando las diversas partes proporcionadas por los repartos antes mencionados y unificándolas, elaboran novelas bien confeccionadas, de acuerdo a los módulos y especies preferidos por el gran público.
    El director general, un viejo novelista que en tiempos pasados fue bastante popular en los Estados Unidos, me dijo que ahora la producción se orienta, por razones económicas, hacia dos tipos de novela: la Novela Venérea (con una juiciosa dosis pornográfica) y la Novela Criminal en dos subespecies: aquella en la que triunfan los delincuentes y aquella en que triunfan los policías. La Novela Sentimental y la Psicológica se hallan en el mercado en franco descenso, igual que la Histórica y la Social, y añadió:

    “Nuestra producción media anda alrededor de unas doscientas novelas mensuales, pero esperamos aumentarla en el año próximo. Los obreros que se ocupan de la fabricación suman quinientos, en su mayor parte son jóvenes diplomados en las universidades, y también hay ex periodistas y literatos fracasados. Pero no faltan mujeres, quienes han demostrado ser trabajadoras diligentes e incansables. Naturalmente, tenemos una grandiosa tipografía dotada de máquinas modernísimas, y una oficina comercial que por medio de agentes y representantes distribuye nuestras novelas haciéndolas llegar hasta los lugares más remotos del país. Nuestros productos standard han conquistado millones de lectores porque corresponden al tipo promedio de los gustos. Sumadas en total, nuestras tiradas anuales ascienden a varios millones de ejemplares, nuestro éxito es inmenso y seguro, la ganancia comienza a ser activa. En la próxima asamblea de accionistas podremos proponer un dividendo del 12 por 100”.

    Salí muy satisfecho de la fábrica Novel’s Company Ltd. El negocio se desenvuelve de una manera inmejorable y estoy satisfecho por no haber invertido mal mis dólares.

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  2. “Descargo pues de mis hombros el fardo del tiempo y, a la vez, la exigencia de sacar buenos resultados. Mi vida no es algo que deba ser medido. Ni el salto del ciervo ni la salida del sol son buenos resultados conseguidos en una prueba. Tampoco una vida humana es la superación de una prueba, sino algo que crece hacia la perfección. Y lo que es perfecto no realiza pruebas con buenos resultados, lo que es perfecto obra en estado de reposo. Es absurdo pretender que el mar está hecho para sostener armadas y delfines. Ciertamente lo hace, pero conservando su libertad. Del mismo modo es absurdo pretender que el ser humano esté hecho para otra cosa que para vivir. Ciertamente aprovisiona máquinas y escribe libros, y también podría hacer otras cosas. Lo importante es que, haga lo que haga, lo hace conservando su libertad y con la plena conciencia de ser, como cualquier otro detalle de la creación, un fin en sí. Reposa en sí mismo como una piedra en la arena”.
    Stig Dagerman, ‘Nuestra necesidad de consuelo es insaciable’.

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  3. ¿Cuántos sueños, sistemas de pensamiento, intuiciones y frases realmente nuevas han escapado de la escritura? ¿Cuántas inteligencias han permanecido libres, dedicadas simplemente a nutrir y embellecer una vida, sin someterse jamás al servil proyecto de urdir una estrategia para producir o para obtener reconocimiento y publicidad? Numerosos creadores han optado por la no creación, o más precisamente, poco seducidos por la idea de tener que justificar su estatus de artista, se han contentado con asumirlo, con vivirlo para sí mismos, para su entorno, ya sea en el puro éter conceptual, ya sea en la estética vivida y compartida de lo cotidiano, (…) Esta constelación de creadores sin producción para los museos, de pensadores sin corpus, conjunto de estrellas que nunca se han permitido brillar, resulta por lo tanto a priori invisible. «En su obra, el autor debe ser […] invisible y todopoderoso. Se lo debe sentir en todas partes, pero no vérselo jamás», decía Flaubert. En estas páginas nos ocuparemos exactamente de lo contrario: de la obra que, en su autor, está presente en todas partes, pero no se la ve jamás. Un principio que, por lo demás, no contradice necesariamente el de Gide: «Hacer una obra duradera, ésa es mi ambición».
    Dicho llanamente: al rechazar con violencia, ironía o inocencia, la lógica industrial y mortífera del museo y la biblioteca, estas sumas inmateriales, estas ideas no escritas, estas poesías vividas, por vitales que sean, sólo pueden confiar en la memoria y en el mito para atravesar las épocas. De hecho, la inmensa mayoría de estos autores, a imagen de los hombres y las mujeres infames cuya historia soñaba escribir Michel Foucault, apenas si conoció la sombra del anonimato, ya que su nombre no aspiraba sino al ámbito común, sin lustre. Les falta ser conocidos para ser reconocidos. Pero incluso esa falta la cultivan. Es su pasión, la garantía de su independencia.
    Jean-Yves Jouannais, “Artistas sin obra. I would prefer not to”.

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  4. Me dicen
    que debo concentrar los pensamientos
    y preparar el legado
    ordenando una comunicación
    de mi saber y mi sentir.
    ¡Oh qué esfuerzo!
    Para qué traducir la huella de mi vida
    a un montón de oro y estiércol,
    resumirla en moneda o cifra
    complacida en hipócrita apariencia.
    Que lo imposible se mantenga imposible.
    Lo que soy está ahí
    desde siempre
    y no puede ser nombrado.

    “Máscaras, Poderes, Palabras. Libro de Imágenes sobre un texto de Carlos Rodríguez Sanz”.

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  5. El sexto día inventaron el papel. Cuando el papel se hizo tan blanco como habían pensado que iba a ser, vieron que no podían ver la arena o la luz o el agua. Finalmente tampoco podían ver la hierba. Y el calor estival hacía tiempo que había desaparecido. Era una situación muy peligrosa. Era la situación más peligrosa en la que se habían encontrado hasta entonces. Sencillamente había papel por todas partes. Todo este papel es superfluo, dijeron. Y contemplaban la interminable superficie. Era blanca. En realidad no habían pensado que iba a ser tan blanco Nos ha arrebatado el poder, dijeron. Y no hay más que papel, dijeron. De esa manera describían la totalidad. Amarillo y marrón escribieron. Y verde y azul y rojo escribieron. Y negro y blanco escribieron. Y gris escribieron. Y lo escribieron un montón de veces. Por fin tuvieron realmente la sensación de que estaban escribiendo lo mismo. Y cuando estuvieron seguros de que era lo mismo lo que escribían, se pusieron a escribir sobre el primer día y el segundo, sobre la arena y la luz. Y escribieron sobre el tercero y el cuarto, sobre el agua y la hierba. Y escribieron sobre el quinto, sobre el calor estival. Finalmente escribieron sobre el papel. Y realmente tuvieron la sensación de que era lo mismo lo que escribían. Y eso estaba bien.

    Inger Christensen, ‘Eso’

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